Decir que no he pintado desde hace veintitantos años, puede que sea exagerado, si lo dice alguien que se gana la vida con el lápiz diseñando. Pero con certeza digo que desde que estoy viviendo en Villena, el tiempo que me dejaba libre mi trabajo habitual, lo he dedicado al diseño de trajes y carrozas para las fiestas de Moros y Cristianos. Antes este tiempo lo dedicaba a la pintura.
Esta faceta de pintor es bastante desconocida para una mayoría de gente de Villena, no tanto en Yecla. Mi última exposición fue en 1980 con mi amigo Miguel Palao, de Yecla, pintor donde los haya y gran dibujante. Por desgracia ya fallecido hace años, una verdadera pena porque era un maestro y un fenómeno muy reconocido. Va desde aquí mi homenaje y mi recuerdo. La exposición se hizo en la antigua sala de la Caja Rural; precisamente aquí en Villena.
Cuando empiezas de nuevo a pintar, después de tantos años, andas perdido. Quieres hacer de todo, con todo. Cualquier detalle cotidiano, lo que ves, lo que recuerdas, de cualquier cosa se puede hacer una composición y plasmarla. Como si todo el tiempo perdido lo quisieras recuperar. Tus antiguas formas no las ves, y aunque no quieras están ahí. Buscas, te cuesta encontrarte, y al final por tu experiencia empiezas a ver la luz. Digo esto porque en esta colección lo mismo se puede ver un dibujo suelto o un acrílico de corte impresionista (que ha sido mi escuela de siempre), que unos acuarelables que rallan en el hiperrealismo. Cuadros que parece que están pintados en otra época, y sin embargo son de ahora. Todo ello lo he ido haciendo según mi estado de ánimo. Plasmando uno lo que siente. Mi cariño por África, con su etnia y colorido. Mis recuerdos del Sahara, y algunos cuadros representando epopeyas del pasado, que estoy seguro algunos historiadores me tirarán de las orejas. Pero yo imagino que así pudo ser, y cómo no, también he pintado la vida misma actual, me he sentido muy a gusto y cómodo transformando el color de la realidad por medio de filtros geométricos difuminados.
No sé si aporto o destruyo, eso no puedo decirlo yo, doctores tiene la iglesia. Pero lo he hecho con responsabilidad, valentía y seriedad; porque, ante todo, para mí la pintura es algo muy serio. Sólo tiene en mi criterio dos calificativos: buena o mala; sea antigua, moderna o contemporánea. Todo esto lo he realizado prescindiendo del óleo, porque como dijo Sorolla: “para pintar vale cualquier cosa siempre que se domine la técnica”.
Este “Retorno” cuando ya empieza el declive de mi vida, lo hago con la pasión y la fuerza que tiene el árbol milenario, cuando rebrota en primavera. Con la ilusión de reunir amigos, vecinos y conocidos; tomar un vino juntos, presentaros mi trabajo y preguntaros sinceramente que os parece. Si la exposición es visitada por el público me sentiré feliz, y las horas que he robado a mi familia habrán merecido la pena y me darán motivos para no dejar de pintar y seguir investigando.
Juan Flor Azorín
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